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Música

Celebrando los 72 años de BOB MARLEY

BOB MARLEY: DUPPY CONQUEROR

En una radiante mañana de principios de Mayo de 1981, un relámpago tronó desde el limpio cielo de Miami. La espantosa vibración producida por el trueno hizo saltar en pedazos los vidrios de la casa de Bob Marley, en la que Rita Marley permanecía sola aquel día. Un portaretratos que contenía una foto del estelar jamaiquino también  se hizo añicos.

Por Angel Perea Escobar

No muy lejos de allí, en Kingston, Jamaica, un fenómeno similar azotó el techo de la casa de Marcia Griffiths e hizo temblar el lugar hasta sus cimientos.

Según cuentan estas dos mujeres, claves en la historia del célebre músico, este evento simultáneo y sincrónico, les avisó a ambas en el mismísimo instante de su ocurrencia, que Bob Marley, marido de Rita, y  entrañable amigo de Marcia, fallecía.

En efecto, Bob Marley se encontraba convaleciente de una enfermedad terminal en un hospital de Miami, luego de un doloroso periplo que buscaba su sanación. Sin embargo, el suceso premonitorio no era ni siquiera raro en la vida de estas tres personas que trabajando juntas, habían logrado hacer historia.

Tanto Bob Marley como su esposa y su amiga, colegas y copartícipes de uno de los momentos musicales y artísticos más brillantes del siglo xx, habían vivido una vida rodedada de atávicos misterios. Misterios que habían viajado en el vientre de oscuras naos, junto a los esclavizados africanos que en medio de la trifulca de sus dioses, ayudarían a inventar, en realidad, un nuevo mundo.

De hecho, los místicos arcanos africanos parecieron manifestarse usando la apariencia de un niño llamado Robert Nesta Marley, el hijo de una jovencita negra de dieciocho años, habitante de un villorrio campesino, rodeado de exhuberante fertilidad, digno en su material pobreza, apacible, perdido en las montañas azules de una isla del Caribe mítico. Y de un hombre blanco, ya maduro, cuya ascendencia era apenas el reflejo de los privilegios de una clase devenida del sistema esclavista y colonial, que la sedujo y se casó con ella, sólo para abandonarla junto al hijo de ambos, recién engendrado, el día siguiente de su matrimonio.

Norval Marley, el padre de Bob, ofreció alguna vez ocuparse de su hijo, en Kingston, ofrecimiento que cumplió mal, antes de morir.

Este acto selló el destino de Marley, y lo obligó a sobrevivir en las entrañas de la jungla de asfalto, en uno de los más temibles tugurios urbanos de la capital de Jamaica.

Tal convergencia circunstancial no puede ser más simbólica del orígen de una historia que ahora llamamos afro-americana.

Bob Marley pareció ser desde su nacimiento el espíritu descendido de un ancestro. Apenas como un tierno infante, el pequeño Bob asombraba, y a veces aterraba, con sus premoniciones. Capaz de leer en los ojos, o en las manos de la gente asuntos de bienaventuranza o destinos amargos, Marley ya era famoso entre los miembros de una comunidad que convive con los azares telúricos de la mística sobrenatural africana, como  nieto del respetado cultivador Omariah Malcolm, a la vez un sereno místico, entrenado en las artes y ciencias secretas de la religión de los indomables guerreros coromanté, de Ghana, y un silencioso experto en el dominio del saber para derrotar las maldiciones de la “obeah”, la oscura ciencia del mal, que también viajó desde África junto a nuestros tatarabuelos.

Esta condición acompañó a Marley durante toda su vida, y en muchos sentidos, ejerció poderosamente sus dones como “Duppy conqueror” o Conquistador de fantasmas.

TRENCHTOWN ROCK

A setenta años de su nacimiento en un día como hoy, su influencia ha probado ser una de las más poderosas en la cultura contemporánea. Incluso si acaso quisieramos medir esa influencia a través de su impacto en la industria de la música.

La maestría en el dominio de las artes del hechizo africano para tornar el destino en lo que uno desea, le tomó a Marley toda su juventud, aún si el matorral de sus fantasmas lo acechó de modo implacable, y como en el sino inevitable de todo bluesman, al final vinieron a cazarlo en mitad de la enormidad de su magnífico triunfo, justo en el cruce de los caminos, listos para cobrar.

El impacto de Marley sobre la cultura es sin embargo múltiple y tiene diversos tonos. Todavía es fascinante la historia de su construccón como una superestrella mundial, una brillante jugada que permanece y permanecerá como una de las últimas odiseas de la industria de los discos, el arte de masas y el negocio del entretenimiento, cuyas sillas de privilegio estaban por entonces reservadas para los miembros de una élite situada lejos de las tórridas corrientes tropicales.

A la vez, es emblemático su rol como jugador en la creación de una música nacional, reflejo fiel de las luchas de descolonización que caracterizaron la segunda mitad del siglo xx. Marley fue un eje central en el surgimiento de una industria creativa vivaz y de alta calidad artística, que redefinió el rumbo de la música mundial, junto a una brillante generación de artistas y creativos en un medio complejo y problemático, en un país que celebraba en principio jubiloso su independencia de Inglaterra, luego de 337 años de vasallaje colonial británico, de la que fue colonia desde 1652 hasta 1962, y otros más bajo la égida española que devastó la población nativa de Jamaica.

Aunque a pesar de los años recorridos todavía su título de “primera superestrella del Tercer mundo“, se puede definir como imbatible, es imposible pensar el actual clima del sistema de estrellas provenientes de fuera de la corriente principal, sin que Bob Marley no tenga que ver con su establecimiento.

Uno puede pensar con total libertad, por el tamaño de la evidencia, que Marley, en realidad, es la única megaestrella del tercer mundo.

SO MUCH THINGS TO SAY

Marley fue un niño de la posguerra, un clásico “babyboomer” tropical. Su advenimiento en  la escena de la música también fue producto de la megatónica explosión de creatividad afroamericana, que terminó de soldar estas músicas como la locomotora de la música mundial, un proceso que ya se había iniciado hacia finales del siglo xix, al igual que de la consolidación de la intelectualidad que muy pronto competiría encarnizadamente por influencia y relevancia continental.

Marley fue parte de las generaciones que transformaron el canon, desde que Occidente introdujo las músicas negras como parte del canon primitivista y de la exótica, hasta convertirlos en uno de los principales cánones de la música occidental y fuerza primordial de la música moderna mundial.

Bob Marley también representa el surgimiento de la escuela moderna de pensamiento afroamericano.

El movimiento Rastafari, surgido en los tempranos años 30, al que perteneció desde fines de su adolescencia hasta su muerte, es un compendio de esa escuela de pensamiento.

Fundado sobre las ideas de Marcus Garvey, uno de los faros clásicos del pensamiento moderno de los afroamericanos, se nutrió de todos los acontecimientos y tendencias  que desde principios de siglo transforamron las corrientes sociales, culturales y políticas de la diàspora africana en América.

El movimiento rastafari, luego de treinta años de lucha por la supervivencia en medio de una sociedad hostil, sumida en una horrible crisis de identidad, típica de las caracterizaciones realizadas por Frantz Fanon para los pueblos oprimidos y avasallados, había construído un ideario, una filosofía y una teología, que también influyeron de modo significativo a las sociedades y culturas del resto de Afroamérica y África.

Como una religión popular afrocristiana, que sin embargo se distingue de otras religiones afrocristianas por su creación de una teología afrocéntrica, que no tiene que ver con los sincretismos más clásicos en América, sino que se inspira en la antiquísima tradición cristiana de Etiopía, nación que se constituye en su símbolo cultural y filosófico, se opone desde luego al etnocentrismo aceptado de hecho en muchas de las religiones afro derivadas de la doctrina europea.

La idea afrocéntrica que el rastafari presenta es en lo absoluto radical, mientras sitúa su centro conceptual en la identificación de un Dios que es negro y africano.

El fenómeno rastafari, uno de los más volátiles, fascinantes  y conmovedores en toda la historia moderna afroamericana, sometido al más despreciado de los márgenes y la persecusión durante buena parte de su historia, sin embargo ha sido definitivo en la restauración de la identidad afrojamaiquina, también por su notable influencia en el desarrollo de las artes del país.

PEOPLE GET READY

La detonante aparición de Marley en la escena mundial, contribuyó también al surgimiento de un movimiento afrocéntrico de nuevo tipo dentro de la diáspora, colaborando en la transformación de los torvos imaginarios donados por la era colonial y su fardosa herencia de autodesprecio, minusvaloración y ausencia de la más mínima autoestima.  Jamaica había sido el exitoso laboratorio de las teorías y prácticas de deshumanización.

Pero también, por otra parte, tenía un historia de fiera resistencia cimarrona, que había protagonizado algunas de las más épicas batallas por la libertad, en medio de sangrientos enfrentamientos y alzamientos. Esa tradición dió orígen a personajes como el mismo Marcus Garvey, un lúcido intelectual, orador, escritor y editor, líder de uno de los movimientos afroamericanos y panamericanos más poderosos de la modernidad americana, luego reconocido durante la era de la independencia, como héroe nacional.

En los años 60, etapa de maduración de Bob Marley y la magnífica generación que inventó el sonido moderno de la isla, los rastas, en la misma tradición establecida por Garvey, quien había consolidado su movimiento panafricanista en Harlem, Nueva York, con influencia en toda la nación y el mundo del Atlántico Negro, en el que uno de sus pupilos activistas más destacados en el sur norteamericano era nada menos que el padre de Malcolm X; asimilaron los acontecimientos de la lucha por los Derechos civiles de los líderes afrocristianos con Martin Luther King como figura emblemática, pero también además, el surgimiento del movimiento nacionalista cultural y político mejor conocido como Black Power.

Malcolm X, simbólica representación de un tipo de pensamiento radical afro que tenía como plataforma una interpretación afroamericana del Islam, devino en una potente influencia, al igual que el Partido de las Panteras Negras, movimiento de autodefensa que muy pronto evolucionó hacia más complejos panoramas de organización política.

Hacia finales de la década, Jamaica de nuevo era un centro de producción de pensamiento afro, tal y como lo había sido en las primeras décadas del siglo. Esta reactivación del epicentro, dió como resultado el surgimiento de políticos e intelectuales enormemente influyentes en toda la diáspora, tales como Michael Manley, luego elegido Primer Ministro, y muy singularmente, más a la izquierda total, y definitivamente afrocéntrico, el intelectual guyanés Walter Rodney, profesor y exalumno de la Universidad de las West Indies.

Rodney era una pieza clave del Black Power y de los Panthers en el Caribe. En 1968, dada su beligerante critica al establecimiento jamaiquino, el Primer ministro lo echó del país, lo que provocó una serie de violentas protestas populares, que se conocen históricamente como las “Rodney Riots“, una muestra del aprecio e influencia que Rodney ejercía sobre el pueblo.

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THE HEATHEN

Tal era pues, la atmósfera creativa, intelectual y política que rodeaba las creaciones de los músicos jóvenes, en buen número seguidores de la fe rasta.

Jamaica a su vez, en el período de finales de los 60, hasta bien entrados los años 70, se convirtió en un volátil laboratorio, no solamente artístico sino también político, con un gobierno de izquierda alineado con Cuba y los movimientos revolucionarios negros del Caribe y los Estados Unidos. Una compleja situación en un país violento, desigual, cuyas masas populares se encontraban carcomidas por la rabia, la deseperación y la decepción frente a la promesa rota en los años inmediatos a la postindependencia. Y además acosado y hostilizado por el poder norteamericano. En tanto, el status quo peleaba brutalmente por el poder y propiciaba una situación de guerra civil asordinada y en extremo violenta. La nación isleña se convirtió también en una especie de reflejo de la Guerra fría en el Caribe.

En este contexto, Bob Marley, convertido ya en la primera figura artística del país, protagonizó actos de histórica valentía, mediando ante los bandos en conflicto e intentando desarmar los espíritus hirvientes. En esa circunstancia, sufrió un atentado del que salió herido, salvado providencialmente por su entonces manager Don Taylor, quien recibió la mayor parte del fuego destinado a Marley. Un hecho que lo obligó a exiliarse en Inglaterra y que inspiró su obra maestra en el álbum Exodus de 1977.

ONE LOVE

Marley siempre alegó, de acuerdo a sus convicciones personales, inflamadas por una profunda desconfianza y recelo frente a la política, al igual que la mayoría de los rastas, una comunidad que en buena parte ha hecho del margen casi que una nación de libres desinteresados en el mundo exterior, y que durante casi toda su historia no ha reconocido a ninguna de las autoridades o instituciones establecidas, en tanto las considera corruptas, decadentes e ilegítimas, que su misión no era política.

Sin embargo, el carácter del movimiento al que perteneció, muchas de las ideas que debatió y difundió y las accciones que emprendió, su profunda crítica a los sistemas del status quo, desde los políticos profesionales, las instituciones de gobierno, hasta las instituciones religiosas, tanto las católicas y su Papa, como musulmanas; el desprecio por las ideologías y los partidos, hacen de sus acciones, en un sentido paradójico y magnífico, un hecho político que tiene pocos precedentes o subsecuentes en la historia de la música popular como instrumento del comentario social y la crítica cultural.

En lo personal, Bob Marley ha sido para mí una fuente de inspiración, desde que oí por primera vez algunas de sus canciones en una tarde aburrida y adolescente de 1976.

La existencia de Bob Marley es en sustancial parte la responsable del rumbo que tomó mi vida, el sustento de criticas decisiones en una época de confusión y erráticos rumbos en mi juventud. Marley, en compañía de otros, en buena parte músicos, me han traído hasta aquí.

Lo que descubrí en Marley, era algo que yo mismo tenía dentro de mí. A medida que he podido desentrañar el significado de su arte, también me dí cuenta que mucho de lo que rodeó su vida cultural, también está en la mía, de modo vívido y también telúrico.

A Bob Marley le debo belleza, amor propio y coraje.

Hoy lo celebro.

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