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Entrevistas

LA ISLA DEL DR. RUEDA

El video no tiene muchas arandelas. Está sentado detrás de su batería tocando un tributo a Buddy Rich en un parque bogotano… Otro video, meses después, lo tiene tocando frente a una audiencia en Nueva Zelanda que no para de aplaudirlo.

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Por Julián Felipe Gutiérrez – @jackmulligan

El hombre detrás de la batería es Gustavo Rueda, baterista bogotano que en los últimos meses ha presentado una propuesta cimentada en el jazz que cada vez llama mas la atención. MUSIC MACHINE se sentó a hablar con él sobre el camino recorrido, y el camino por recorrer.

Gustavo, podría decirse que usted está recién desempacado de un periodo de trabajo en Nueva Zelanda. ¿Cómo llegó allá? Y más importante, ¿Con qué se encontró?

Llegué porque gané un concurso mundial de músicos de calle, de cientos y cientos, quede como único latinoamericano ganador. Me encontré con una cultura tremendamente amable y un estilo de vida muy distinto al nuestro. Regresé con mucho aprendizaje y fuertes experiencias de amistad con varias personas.

No resulta descabellado decir que una oportunidad como esa le da a un músico un arsenal importante de aprendizajes. ¿Cuáles destacaría como los mas importantes para el desarrollo de su obra?

Aprendí mucho de hacer música con otros músicos que no manejan un lenguaje en común, excepto el de la música. Aprendí muchísimo de logística de eventos gigantes. Conocí la verdadera opulencia de un “music star” nadando entre Resorts, barras libres de comida, trago y caprichos sin desdén.

Aprendí que el negocio de la música actual no requiere talento para obtener productos musicales de “calidad”. Pero ví que es claro que el propósito de esa palabra es muy relativo, porque cuando sí hay talento la calidad interpretativa es inversamente proporcional a la “calidad” de venta. 

La obra de un músico no está informada solo por su formación en el campo sino por sus experiencias de vida. Siguiendo la veta de la pregunta anterior, ¿Qué elementos de su experiencia vital destaca como los más influyentes en su trabajo?

Hmm… yo creo que de las experiencias más importantes, rescato la de entender, después de mucho tiempo de tocar para la gente en las calles, que la música no está en mi vida para volverme famoso, ni para grabar discos, ni para buscar reconocimientos. Es un oficio que me da un sentido existencial, que me dice quién soy, y mejorar en lo que hago, es crecer personalmente mientras le doy ese mensaje al que me escucha. Y el hecho de ir al otro lado del mundo a tocar no es más sino crecer mientras más gente me escucha.

Ya hemos hablado de los aprendizajes como músico y como persona, ¿Qué músicos pondría usted como los mas influyentes dentro de su sonido?

Yo diría Buddy Rich, Dave Weckl, Horacio ‘el negro’ Hernández y Gustavo Cerati. Los primeros tres, grandes bateristas, diría que unos de los más grandes de la historia… El cuarto, un poeta musical que me demostró con agresividad cómo se deja el alma en una canción.

Desde los últimos años ha habido un resurgimiento y un desarrollo de una escena mas basada en el jazz en Bogotá. El alcance de una banda como Fatso, de alguna manera ha ido permitiendo el desarrollo de estas propuestas. ¿Qué camino siente que pueden tomar con el tiempo los músicos y bandas de esta escena?

No conozco ese grupo. No hablo por ellos, ni tampoco por algunos músicos que sí conozco y respeto. Pero, en general, despues de adentrarme tanto en este mundillo local de jazz, solo puedo decir una cosa: El jazz como muchas cosas a Colombia, llegan por lo regular un siglo despúes. Es un género músical hermoso con una historia tremendamente densa y un propósito desgarrador.

En Colombia ese género esta condenado a ser un apoyo del desarrollo esnob y elitista de gente que se jacta de tocar algo virtuoso solo con el propósito de engrandecer su ego, para gente que no tiene ni idea que es eso, pero tiene plata para dárselas de que escucha algo que le sube el caché. Aún así lo amo y lo toco con un sentido mucho mas poético de lo que muchos piensan, pero siempre con el miedo constante de no recaer mucho en eso.

Cuando conversamos por primera vez, usted me contaba de la naturaleza maleable de su proyecto, Dr. Moreau. En un mediano plazo, ¿a dónde siente que puede llevarlo? ¿Qué le gustaría explorar con el Dr. Moreau?

Nada, personalmente además de crear cosas agradables con instrumentos, la verdad no busco nada. Solo somos parceros que nos divertimos haciendo musica mientras hacemos trabajos de “toques cachetudos y de calidad interpretativa” para poder vivir bien de nuestro oficio. No voy tampoco con la expectativa de llegar a ningún lado, ni con ese proyecto, ni con los demás que tengo.

Yo personalmente me di cuenta, con varios colegas, que recaer en el cliché de querer ser el músico que todas la empresas que venden intrumentos musicales, medios masivos de comunicación y empresarios de eventos; y que todo el mundo quiere que seamos, es la perdición del verdadero sentido artístico…

Por eso toco en la calle… Ese concurso y los demás que me he ganado, y las demás puertas que se me han abierto, me corroboran a mi, que las oportunidades no se buscan… simplemente te buscan a ti. Ahora, yo si tengo propósitos musicales, no me quiero dar  a mal entendidos, pero son diferentes y enfocados desde otro punto que no es hacer “surgir” un banda en un negocio lleno de tráfico de influencias y payolas.

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