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Opinión

La palabra, el sonido y el poder de Peter Tosh

La palabra, el sonido y el poder de Peter Tosh

Por Angel Perea Escobar

A los treinta años de la muerte del grande de la música reggae Peter Tosh, su legado  como pionero activista de causas vigentes y urgentes en el presente histórico del mundo, todavía brilla como testimonio de hermoso arte batallante inspirado por el respeto a la vida y los derechos humanos.

peter toshHace treinta años un luctuoso acontecimiento ensombrecía el mundo de la música. El 11 de septiembre de 1987 caía asesinada en Kingston, una  brillante figura de la cultura popular de la segunda mitad del siglo XX.

Un artista que criado bajo los alerones de la pobreza en la localidad de Belmont, Westmorland, en medio de la indómita belleza de la isla de Jamaica, y habitante desde los 15 años del turbulento Trenchtown, había logrado convertirse en una de las voces más poderosas de un pueblo que muy a pesar de las apariencias de una historia mal contada, jamás, durante 400 años, se resignó al silencio: Peter Tosh.

La violenta muerte de Winston Hubert McIntosh, su nombre de pila, nacido en 1944, estremeció los cimientos del magnífico movimiento musical, artístico y cultural del que el mismo Tosh representaba una quintaesencia y que gracias también a su presencia, había logrado colocarse como una de las mayores e influyentes fuerzas artísticas surgidas desde los tórridos paisajes del llamado Tercer Mundo y capturar la atención de millones de escuchas alrededor del planeta con mensajes inyectados de una inescapable fuerza mística que más allá de ser apenas una “música de protesta” estallan en la mente y el cuerpo como un sonido libertador: La música Reggae.

Palabra, sonido y poder

Esta música era la catalizadora de un efervescente movimiento social de diversas y complejas implicaciones, responsable de la difusión de un aguerrido ideario de resistencia cultural que detonó en primera instancia entre los millones de miembros de la diáspora africana en  América, conocido como Rastafari, surgido en los años 30, como respuesta a las amargas inequidades del sistema colonial británico en las Antillas y basado en la interpretación de una poderosas mitología, de un lado y cosmovisión, de otra parte, e inspirado en el flamante movimiento Panafricanista liderado por Marcus Garvey desde Harlem, Nueva York, en los años 20.

Es decir, en la conformación del que quizás fuera el mayor movimiento afro céntrico en la América moderna.

Pero tal odisea fue posible por el genio de una generación extraordinaria, producto de circunstancias históricas, sociales, culturales y políticas de contexto mundial que involucraron a veintenas de protagonistas inmersos en el clima convulso que pudo expresarse a través de múltiples manifestaciones.

Rude Boy

En los tempranos años 60, al borde de la declaración de independencia de Jamaica, Tosh había sido uno de los tres miembros fundadores de un conjunto vocal influido por el góspel de las iglesias bautistas y pentecostales, los blues, el jazz de Nueva Orleáns, el R&B de los años 50 y el subsecuente soul de los 60, además de la música local de géneros como el mento – la clásica música folk jamaiquina- el calypso y otros motivos antillanos, elementos con los cuales crearon una poderosa mixtura, junto a Neville Livingston, mejor conocido como “Bunny Wailer” y Bob Marley, bautizado como The Wailing Wailers.

Conjunto que a la postre, respaldado por los mejores músicos de sesión de la isla y singulares trabajos de producción en estudio, devendría en uno de los más compactos, cohesivos y desde cierto punto de vista más importantes en la historia de este movimiento, aunque la banda, que luego tomó su más relevante notoriedad con el nombre de The Wailers, no sobrevivió en su formación original más allá de mediados de los años 70, con el advenimiento de las estrategias formuladas  por el sello Island del productor ejecutivo Chris Blackwell y el subsecuente papel exclusivo de Bob Marley como líder de la agrupación.

Tras  los primeros álbumes de Island, cada uno de los miembros persiguió sus objetivos personales.
En la coyuntura de la muerte de Marley en 1981, ascendido a la categoría de súper-estrella y embajador plenipotenciario del género, algunos temían por la pérdida de poder del movimiento, pero en realidad éste tenía un sustento muy sólido representado en otras grandes figuras, uno de cuyos íconos más poderosos era justamente Peter Tosh. Un gran escritor y cantante cuya desafiante aproximación poética a los temas más sensibles de la atribulada sociedad jamaiquina y en particular como vocero del ideario rasta, además del volátil concepto de su música, respaldada también por la élite del ritmo y la armonía de Jamaica, mantenía un explosivo contacto con su audiencia, interpretando sus emociones y capturando magistralmente las vibraciones de una época virulenta, con un mensaje universal pero poco concesivo frente a lo que algunos podrían considerar como las necesidades de expansión del género en el área de la música pop.

Aún sin haber obtenido el súper estrellato en el sentido que Marley logró capitalizar, lo cual se constituye de cierto modo en una extrañeza, en tanto la estrategia que un sello como Island trazó para convertir a Marley en estrella del rock, fue el cultivo de su imagen de rebelde inveterado y radical -tal vez quepa aquí razonar sobre la vieja máxima de verdad sabida sobre que para algunos ambientes artísticos y ciertos artistas, una superestrella basta- sin duda Tosh era por derecho propio, en la magnificencia de su arte, dotado de una soberbia autoridad moral, el arzobispo que ofició los más osados momentos del reggae clásico.

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La navaja andante

Tosh, un hombre de firmes y definidos principios, fue siempre menos diplomático y su acción frontal y directa le costaron una vida con frecuencia flanqueada de escollos y brutales castigos  y venganzas violentas de parte de la policía.

Puede decirse que si Marley ofició como un inmenso M.L.King frente a las audiencias mundiales, Tosh fue un articulado Malcolm X, que devolvió sentido de la virilidad al humillado hombre negro antillano y murió como él, cegado por balas asesinas.

En 1978, durante el célebre e histórico One Love Peace Concert, en cuya previa se produjo el atentado criminal contra Bob Marley en su casa de Hope Road, y promovido para asentar la paz en la virtual guerra civil que por motivos políticos asolaba la nación jamaiquina, Peter Tosh criticó de modo abierto a los líderes del gobierno, al primer ministro el liberal de izquierda Michael Manley y al líder opositor el conservador Edward Seaga.  

Durante su discurso de más de diez minutos y caracterizado por su bombástica, legendaria creatividad de lenguaje y sentido que es ahora un preciado documento histórico, Tosh urgió al pueblo a rechazar las promesas hechas por aquellos involucrados en la “politrick” , y mientras Marley conseguía que los dos enconados enemigos estrecharan sus manos en símbolo de unidad, Tosh insistía en que los jamaiquinos no debían poner su fe en el “shitstem” político.

Aquel discurso le valió uno de las más severas y brutales venganzas de la policía que lo emboscó luego del concierto y lo apaleó durante horas en la impunidad de una estación policiaca.

Equal Rights/ Legalize It

Peter Tosh abrazó e impulsó las causas que yacen en la filosofía social del movimiento rastafari, estimuló el pensamiento afro céntrico, descolonizado, aunque de un modo que advirtiera las prioridades de las y los africanos del continente y la diáspora pero que estuviera en contacto solidario con los desposeídos, los explotados y los excluidos en cualquier parte del mundo.

Su batalla singular por la liberación, despenalización y legalización de la marihuana, un elemento litúrgico y ritual dentro de la comunidad rasta que también aprecia su valor terapéutico, medicinal, y de otros usos benéficos para la salud física, mental, espiritual y material en muy diversos usos, lo convirtieron en un pionero de una labor en pro de la descriminalización de la botánica ancestral y popular, la conciencia sobre el equilibrio ecológico y la desarticulación total  del negocio ilegal del narcotráfico y la guerra contra las drogas que castiga sin piedad a individuos y comunidades vulnerables por lo general discriminados por raza y clase en los países ricos, y a los países productores en el Tercer Mundo, mientras la industria criminal provee a millones de cómodos consumidores de clase alta y media en el norte global.

Dueño de una brillante inteligencia, Peter Tosh, muy a pesar de su repudio por la política no era de ningún modo un ingenuo. Sus canciones, impregnadas de batallante humanismo eran un agudo reclamo en defensa de los derechos humanos, proponían críticas implacables al establecimiento y urgían la organización del pueblo que en su filosofía debía prepararse para luchar en la vía de Malcolm “por cualquier medio necesario”.
Su ideario es un legado indeleble que ha quedado registrado en sus álbumes clásicos Legalize It  (1976), Equal Rights (1977), Bush Doctor (1978) , Mystic Man  (1979), Mama Africa 1983 y en otras canciones como Get Up Stand Up, 400 Hundred Years, Glass House, Not Gonna Give It Up, Nuh Feel Nuh Way, Steppin Razor, o Maga Dog, Cristal Ball, Buckingham Palais, entre otras que conforman un precioso testimonio de lo mejor de un activismo artístico fiero y una música militante sin ambages.

La actitud de Tosh, “la navaja andante” como se le conocía en las rudas calles de Trenchtown, se convirtió en la deuda que todo auténtico bluesman paga sin plazo alguno. Y aquel día de septiembre de 1987, su propio pacto en el camino cruzado vino a su casa para cobrar en la forma de tres pistoleros que también se llevaron al discjockey de la radio JBC Jeff “Free I” Dixon y Wilton “Doc” Brown, dos de sus amigos cercanos, mientras dejaron heridos a su esposa y manager Marlene Brown y al baterista Santa Davis.

La obra y el conmovedor compromiso de vida de Peter Tosh, de profundo énfasis en las luchas anti-racistas, brillan ahora como un legado que sostiene su vigencia, en tanto los problemas que abordó con tanto arrojo y valentía son virtualmente los mismos de una era tan violenta como la actual.
Por todo aquello que expresó y la belleza de su aporte, Peter Tosh, como uno de los más grandes artistas de todos los tiempos, vive para siempre.

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